La Dra. Carolina Vandecaveye, especialista en medicina de familia y en atención a personas adultas con síndrome de Down, compartió recientemente una ponencia centrada en los cambios que aparecen con el envejecimiento y en cómo acompañar esta etapa con respeto y realismo. A continuación, presentamos las ideas esenciales.

Envejecimiento y demencia temprana: una realidad biológica

La evidencia muestra que, desde los 20 años, el cerebro de las personas con Síndrome de Down comienza a acumular sustancias relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. Esto no significa que aparezca un deterioro inmediato, pero sí explica por qué el envejecimiento es distinto y más precoz que en la población general.

Según la Dra. Vandecaveye, y por intentar ponerle un “número” objetivo, es entre los 43 y 45 años que suelen aparecer los primeros signos de alarma de media: despistes, cambios de carácter, rituales muy marcados y frustración ante tareas que antes se resolvían con facilidad. Sin embargo, cada persona evoluciona de manera diferente: algunas presentan síntomas más tarde, otras antes.

Cambios emocionales y conductuales: más que “mal carácter”

De los aspectos más relevantes son la aparición de:

  • Pérdida de interés por actividades previas
  • Frustración aumentada
  • Terquedad o resistencia a determinadas rutinas
  • Rituales rígidos
  • Claudicación mental, una mezcla de agotamiento cognitivo y emocional

Estos comportamientos no deben interpretarse como un “capricho”, sino como expresiones de un cerebro que está esforzándose por adaptarse.

Controles médicos necesarios

La especialista subrayó que, a partir de los 43 años, es recomendable realizar controles médicos al menos dos veces al año, centrándose en:

  • Función tiroidea
  • Celiaquía
  • Salud ocular y auditiva
  • Salud bucodental (muy relevante por riesgo de pérdida dentaria y broncoaspiración)
  • Control de mareos y síncopes (frecuentes por tensión baja)

También insistió en un principio clave: “tratar solo lo que vale la pena tratar”. En etapas avanzadas del deterioro cognitivo, algunas intervenciones invasivas pueden generar más estrés que beneficio.

La importancia del bienestar emocional

La Dra. Vandecaveye fue contundente: sin salud mental no hay salud.

La depresión, la ansiedad o la apatía pueden confundirse con envejecimiento, por lo que es esencial una evaluación clínica profunda. En algunos casos aparece el llamado síndrome regresivo, una forma de depresión intensa y aguda que provoca pérdida de habilidades y desmotivación generalizada. Una persona feliz es una persona sana; y ese debe ser el objetivo fundamental a la hora de acompañar los procesos de envejecimiento de estas personas.

Nuevos apoyos: flexibilidad, respeto y ambientes motivadores

El envejecimiento cambia no solo a la persona, sino también a su entorno. Los padres suelen ser muy mayores, los roles familiares cambian, y aparecen nuevos desafíos en la convivencia. Algunas recomendaciones clave:

  • Adaptar rutinas y expectativas
  • Introducir apoyos visuales (pictogramas, agendas)
  • Evitar sobreexigir o infantilizar
  • Priorizar actividades que generen bienestar, aunque ya no sean las mismas de años previos
  • Mantener la movilidad sin forzar
  • Revisar medicación y evitar medicalizar en exceso

Un mensaje humano para las familias

El envejecimiento de un ser querido con Síndrome de Down supone también un proceso emocional para la familia. La ponente insistió en la importancia de aceptar los cambios y recordar que el objetivo ya no es “lograr metas”, sino acompañar desde el cariño y la dignidad.

Los grupos de apoyo entre familias pueden ser una herramienta valiosa para transitar esta etapa, compartir experiencias y sentirse acompañados.

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