La asertividad es una habilidad social que nos permite expresar lo que pensamos, sentimos o necesitamos de forma clara y respetuosa. No consiste en imponer nuestra opinión ni en hablar de manera brusca: implica aprender a defender nuestras necesidades respetando también las de los demás.
En las personas con discapacidad intelectual, estas habilidades pueden enseñarse y practicarse de manera explícita. Diferentes intervenciones han mostrado resultados positivos en aspectos como la comunicación, el reconocimiento emocional y la conducta adaptativa.
¿Cómo podemos trabajarla? Estas cinco estrategias pueden ayudarnos:
1. Enseñar frases sencillas y funcionales
Expresiones como “Yo siento…”, “Yo necesito…” o “Ahora no puedo” ofrecen una estructura clara para comunicar emociones, necesidades y decisiones.
2. Practicar mediante role play
Representar situaciones cotidianas permite ensayar cómo actuar antes de enfrentarse a ellas. Podemos practicar cómo pedir ayuda, expresar una molestia o resolver un conflicto. El juego de roles es una gran estrategia utilizada para trabajar las habilidades sociales.
3. Validar la emoción antes de corregir la forma
Primero debemos reconocer qué está sintiendo la persona. Después podemos ayudarla a encontrar una forma más adecuada de expresarlo.
4. Reforzar cada intento
Reconocer el esfuerzo favorece que la persona siga practicando y pueda utilizar lo aprendido en diferentes contextos.
5. Enseñar a poner límites con respeto
Decir “no”, pedir espacio o explicar que algo nos incomoda son aprendizajes importantes para favorecer la autonomía y la autodeterminación. Consulta los recursos de Plena Inclusión sobre autodeterminación
Desde el Instituto de Formación Inclusiva i360 ya hemos profundizado en cómo desarrollar habilidades sociales en personas con discapacidad intelectual. Además, en nuestro Proyecto Juntos compartimos herramientas dirigidas a familias y profesionales.
Enseñar a comunicarse de forma asertiva es proporcionar herramientas para participar, decidir y relacionarse con mayor autonomía. Porque comunicarnos bien abre puertas en el aula y también en la vida.

