La salud mental de las personas con discapacidad intelectual ha sido, históricamente, un tema secundarizado tanto en la práctica clínica como en la investigación. Sin embargo, estudios recientes confirman que este colectivo presenta una prevalencia significativamente superior de trastornos afectivos, especialmente ansiedad y depresión, en comparación con la población general. Este hecho plantea un doble desafío: por un lado, identificar adecuadamente los síntomas en una población con posibles barreras comunicativas; por otro, diseñar estrategias de detección temprana que respeten la diversidad cognitiva y expresiva de cada persona. En este artículo se abordan los principales indicadores clínicos y contextuales que permiten reconocer señales de ansiedad y depresión en personas con discapacidad intelectual, así como los instrumentos y enfoques más relevantes para su evaluación. 

 

Una alta prevalencia, una baja visibilidad 

Diversos estudios epidemiológicos confirman que las personas con discapacidad intelectual presentan tasas elevadas de sintomatología depresiva y ansiosa, con una prevalencia estimada de entre el 15% y el 35%, según los instrumentos utilizados y el nivel de discapacidad (Hermans, Beekman, & Evenhuis, 2013; Whitney et al., 2018). Estas cifras superan claramente las observadas en la población general, y se ven agravadas por la dificultad de identificación clínica de estos cuadros. 

La investigación de Hermans y Evenhuis (2012) reveló que el 72% de los adultos mayores con discapacidad intelectual habían experimentado uno o más eventos vitales negativos en el último año, lo cual correlacionaba de manera significativa con síntomas depresivos o ansiosos. Este patrón se repite también en población infantil y adolescente, donde factores como el bullying, la baja participación social o el dolor físico están altamente asociados a síntomas afectivos (Whitney et al., 2018). 

 

Síntomas atípicos: una expresión emocional que desborda los manuales 

Uno de los principales obstáculos para el diagnóstico es la presentación atípica de los síntomas. A diferencia de lo que ocurre en la población sin discapacidad, los cuadros de ansiedad y depresión pueden manifestarse en personas con discapacidad intelectual a través de comportamientos desafiantes, regresiones conductuales, alteraciones del sueño, pérdida de habilidades adquiridas o incremento de conductas autolesivas (Frain, 2007; Hsieh, Scott, & Murthy, 2020). Esta diversidad sintomática puede llevar a confusiones diagnósticas, infradiagnóstico o tratamientos inapropiados. 

En una investigación cualitativa pionera, Frain (2007) exploró cómo las propias personas con discapacidad intelectual describían sus vivencias de ansiedad y depresión. Los participantes lograban identificar cambios en su estado emocional, pero utilizaban descriptores diferentes a los comúnmente recogidos en instrumentos estándar. Esta diferencia en el lenguaje emocional no implica una falta de vivencia, sino una forma alternativa de experimentarla y comunicarla, que debe ser comprendida desde una escucha activa y sin juicios. 

 

Factores de riesgo y vulnerabilidad 

Los estudios coinciden en una serie de factores que aumentan la probabilidad de presentar ansiedad y/o depresión en esta población: presencia de autismo, comorbilidades médicas, dificultades sensoriales (como hipoacusia), eventos vitales estresantes, aislamiento social y baja autodeterminación (Hsieh, Scott, & Murthy, 2020; Schmückle, Schmolz, & Lindert, 2017). En el caso de los adultos mayores con discapacidad intelectual, la soledad, la pérdida de seres queridos y la reducción de actividades significativas son desencadenantes frecuentes de sintomatología ansiosa y depresiva (Bond et al., 2020). 

En paralelo, los estudios de género muestran que las mujeres con discapacidad intelectual tienden a reportar —cuando se dispone de herramientas accesibles— niveles más altos de sintomatología depresiva, especialmente relacionados con la autoestima y el estado de ánimo (Chester et al., 2013). 

 

Instrumentos de evaluación adaptados: hacia una medición accesible 

La evaluación fiable de síntomas afectivos en personas con discapacidad intelectual requiere el uso de herramientas adaptadas y validadas. Entre las más utilizadas y con mejores propiedades psicométricas se encuentran la Glasgow Depression Scale for People with a Learning Disability (GDS-LD) y la Glasgow Anxiety Scale for People with a Learning Disability (GAS-ID), especialmente eficaces en personas con discapacidad leve a moderada (Dagnan et al., 2008). 

También destaca la escala Hospital Anxiety and Depression Scale (HADS) en su versión adaptada, que ha mostrado una adecuada consistencia interna y correlación con otras medidas (Dagnan et al., 2008). Estas herramientas, combinadas con entrevistas a cuidadores y observación conductual sistemática, permiten obtener una imagen más precisa del estado afectivo de la persona evaluada. 

En poblaciones con mayores necesidades de apoyo, las escalas basadas en informantes —como la Anxiety, Depression and Mood Scale (ADAMS)— resultan especialmente útiles, dado que recogen conductas observables sensibles al contexto (Hermans et al., 2012). 

 

 

La importancia del entorno: detección desde lo cotidiano 

El entorno cercano —familias, cuidadores, docentes— juega un papel clave en la detección precoz de señales emocionales. En muchos casos, los primeros indicios de malestar se manifiestan en cambios de conducta súbitos, expresiones somáticas inespecíficas (dolores recurrentes, problemas gastrointestinales), retraimiento social o mayor dependencia de figuras de apoyo. La capacitación de estos agentes para identificar tales señales es una estrategia preventiva fundamental (Bond et al., 2020). 

De igual forma, fomentar espacios de expresión emocional, donde las personas puedan hablar de cómo se sienten, utilizando formatos accesibles (dibujos, pictogramas, dramatización), puede facilitar tanto la detección como la intervención temprana. En este punto, la validación del malestar y la no minimización de los síntomas resultan esenciales para evitar la cronificación. 

 

Implicaciones clínicas y éticas 

Reconocer las señales de ansiedad y depresión en personas con discapacidad intelectual no solo tiene implicaciones clínicas, sino también éticas. Implica asumir que el sufrimiento emocional no es exclusivo de quienes pueden verbalizarlo en los términos del DSM, sino que puede adoptar múltiples formas y significados. Implica también rechazar la idea de que ciertos comportamientos “vienen con la discapacidad”, y empezar a interrogarlos como posibles manifestaciones de un malestar no escuchado. 

Desde este enfoque, el trabajo clínico no debe limitarse a reducir síntomas, sino también a crear contextos de seguridad emocional, aumentar la autodeterminación y reconstruir vínculos que protejan frente a la adversidad. 

 

Conclusión 

El reconocimiento de la ansiedad y la depresión en personas con discapacidad intelectual requiere un cambio de mirada: abandonar paradigmas exclusivamente biomédicos o conductistas, y adoptar modelos integradores que comprendan el malestar desde lo relacional, lo contextual y lo expresivo. Solo así será posible garantizar una atención justa, sensible y ajustada a las necesidades reales de quienes han sido históricamente silenciados. 

 

Autores: Yone Castro, Ana Dominguez

 

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Referencias 

Bond, L., Carroll, R., Mulryan, N., O’Dwyer, M., O’Connell, J., Monaghan, R., Sheerin, F., McCallion, P., & McCarron, M. (2020). Biopsychosocial factors associated with depression and anxiety in older adults with intellectual disability. Journal of Intellectual Disability Research. https://doi.org/10.1111/jir.12724  

Chester, R. C., Chaplin, E., Tsakanikos, E., McCarthy, J., Bouras, N., & Craig, T. (2013). Gender differences in selfreported symptoms of depression and anxiety in adults with intellectual disabilities. Advances in Mental Health and Intellectual Disabilities, 7(4), 191–200. https://doi.org/10.1108/AMHID-03-2013-0025  

Dagnan, D., Jahoda, A., McDowell, K., Masson, J., Banks, P., & Hare, D. (2008). The psychometric properties of the Hospital Anxiety and Depression Scale adapted for use with people with intellectual disabilities. Journal of Intellectual Disability Research, 52(11), 942–949. https://doi.org/10.1111/j.1365-2788.2008.01053.x  

Frain, H. (2007). An exploratory investigation of how people with intellectual disabilities experience anxiety and depression. Recuperado de: https://figshare.le.ac.uk/articles/thesis/An_exploratory_investigation_of_how_people_with_intellectual_disabilities_experience_anxiety_and_depression/10169774/1/files/18327797.pdf  

Hermans, H., Beekman, A., & Evenhuis, H. (2013). Prevalence of depression and anxiety in older users of formal Dutch intellectual disability services. J Affect Disord. 2013 Jan 10;144(1-2):94-100. doi: 10.1016/j.jad.2012.06.011. Epub 2012 Aug 9. PMID: 22884239.  Recuperado de: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22884239/  

Hermans, H., Jelluma, N., van der Pas, F. H., & Evenhuis, H. (2012). Feasibility, reliability and validity of the Dutch translation of the Anxiety, Depression And Mood Scale in older adults with intellectual disabilities. Research in Developmental Disabilities, 33(2), 315–323. https://doi.org/10.1016/j.ridd.2011.09.018  

Hermans, H., & Evenhuis, H. (2012). Life events and their associations with depression and anxiety in older people with intellectual disabilities: results of the HA-ID study. Journal of Affective Disorders, 138(1–2), 79–85. https://doi.org/10.1016/j.jad.2011.12.025  

Hsieh, K., Scott, H. M., & Murthy, S. (2020). Associated risk factors for depression and anxiety in adults with intellectual and developmental disabilities: Five-year follow-up. American Journal on Intellectual and Developmental Disabilities, 125(1), 49–63. https://doi.org/10.1352/1944-7558-125.1.49  

Schmückle, D., Schmolz, G., & Lindert, J. (2017). Mental health in adults with intellectual disabilities: Protective and risk factors for depression and anxiety. Gesundheitswesen, 79(5), 415–418. https://doi.org/10.1055/s-0035-1564163  

Whitney, D. G., Shapiro, D. N., Peterson, M. D., & Warschausky, S. A. (2018). Factors associated with depression and anxiety in children with intellectual disabilities. Journal of Intellectual Disability Research, 63, 408–417. https://doi.org/10.1111/jir.12583