Las Habilidades Sociales (de ahora en adelante, HS) se han convertido en un objeto de estudio relevante en la investigación psicológica. Sin embargo, es un constructo difícil de identificar a través de un modelo que simplifique y unifique su significado (Grasso Imig, 2020). 

¿Qué son las habilidades sociales?

Algunos autores definen las habilidades sociales como un conjunto de habilidades, como su nombre indica, que otorgan a la persona la capacidad de percibir, procesar y responder a los estímulos que provienen del comportamiento de las demás personas, o lo que entendemos como estímulos sociales (Gil, 2020). Por tanto, pueden entenderse como el conjunto de habilidades aprendidas, que nos permiten cubrir nuestras necesidades de comunicación y ajuste interpersonal, así como responder a las demandas de las necesidades de otros, de forma eficiente (Monjas Casares 2000).

Desde mediados de los 70 (aunque con otra terminología, se vienen estudiando las HS desde los años 30) se presta gran interés a la etiqueta de habilidades sociales como una dimensión social del comportamiento humano (Eceiza et al., 2008), pero es en los años 80 cuando las HS cobran mayor relevancia gracias al desarrollo del trabajo en el concepto de Inteligencias Múltiples (Gardner, 1993; Trianes y García, 2002). En el concepto de Inteligencias Múltiples, Gardner realiza una distinción entre siete inteligencias: 

  • Lingüística
  • Musical
  • Espacial
  • Lógico-matemática
  • Cinético corporal
  • Intrapersonal e interpersonal 

¿Qué es la inteligencia intrapersonal?

La inteligencia Intrapersonal e interpersonal está asociada con el concepto en sí mismo de HS (Bisquerra, 2003; Trianes y García, 2002). Sin embargo, Fernández Ballesteros (1994) planteó que existía una dificultad marcada para llegar a un acuerdo sobre la definición de habilidades sociales, ya que afirmaba que están vinculadas a un contexto específico. Algunos autores señalan que el sinónimo más acertado para HS es el de conducta asertiva, definida como un conjunto de respuestas específicas para cada contexto, aunque conservan de forma parcial su independencia (Gismero, 2002). 

Estos comportamientos se aprenden y manifiestan en situaciones de interacción social con la intención de cumplir diferentes objetivos con adecuación a las exigencias contextuales, además de tener un papel fundamental en la autorregulación y desarrollo del contexto individual a través de la expresión de sentimientos, actitudes, deseos, derechos u opiniones de un modo adaptado al contexto (Caballo, 1993). 

Las habilidades sociales en personas con discapacidad intelectual

La discapacidad intelectual (DI) se determina por condiciones en el funcionamiento intelectual y comportamiento adaptativo (habilidades sociales, prácticas y conceptuales) que se presentan antes de la mayoría de edad, según la AAIDD (Asociación Estadounidense de Asuntos Intelectuales y Discapacidades del Desarrollo) (Freitas y Del Prette, 2010; Luckasson y Reeve, 2001; Veltrone y Mendes, 2012).

Las habilidades sociales suelen suponer un desafío para las personas con discapacidad intelectual. Según algunas investigaciones (Kliejin, 2021) los niños con discapacidad intelectual presentan algunos déficits relacionados con la conducta asertiva, la expresión de emociones y sentimientos, y la capacidad de afrontamiento. Freitas y Del Prette (2013) demostraron que existe un mayor deterioro de las HS en niños con discapacidad intelectual moderada, comparado con niños con autismo, Trastorno por Déficit de Hiperactividad (TDAH) y problemas conductuales de internalización (p. ej., ansiedad, abstinencia y aislamiento social). También descubrieron que, cuanto mayor es la necesidad de apoyo de los niños con discapacidad intelectual, mayor apoyo requieren también para desarrollar correctamente las HS.  

En un estudio reciente de Benitez et al., (2020), se explicaba cómo la discapacidad intelectual afecta al funcionamiento del comportamiento adaptativo y las HS. En este mismo estudio se especifica que un modo de aumentar y trabajar las HS puede ser a través del trabajo colaborativo de los familiares, siempre que se disponga de un nivel de HS suficiente como para favorecer su enseñanza. En este trabajo, cuyo objetivo era evaluar y comparar las HS de padres de niños con y sin discapacidad intelectual y evaluar si existía correlación entre HS y edad, escolaridad de niños y padres y nivel socioeconómico, se expone la necesidad de trabajar con los familiares cercanos de niños con discapacidad intelectual, más especialmente si existe un nivel socioeconómico bajo, para favorecer el desarrollo sociemocional de las personas con discapacidad intelectual. 

Según explica Ramos (2011), las personas con discapacidad intelectual pueden tener problemas a la hora de exteriorizar las emociones o los pensamientos, manifestando problemas en ocasiones en el control de la conducta, los estados de ánimo y las emociones y por tanto, en la modificación de las mismas. En algunos casos, más si entendemos que el contexto social es muy complejo y cambiante, las personas con discapacidad intelectual pueden encontrar barreras para descifrar el entorno y determinar cómo comportarse en dependencia de qué situación. 

Es de vital relevancia, por lo tanto, con el objetivo de favorecer la autonomía y la inserción social y laboral de nuestros jóvenes con capacidades diferentes, que se trabajen con especial ahínco las HS., ya que son habilidades que permiten la regulación de nuestro comportamiento social y adaptarlo a cada necesidad contextual. 

Bibliografía 

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  • Bisquerra, R. (2003). Educación Emocional y   Competencias   Básicas   para   la Vida. Revista de Investigación Educativa (RIE). 21(1), 7-43.
  • Caballo, V. E. (1993). Relaciones entre diversas medidas conductuales y de autoinforme de las habilidades sociales. Revista Psicología Conductual, 1(1), 73 – 99. 
  • Casares, M. I. M. (2000). La timidez en la infancia y en la adolescencia. Anaya-Spain.
  • Del Prette, A., y Del Prette, Z. A. P. (2001). Psicologia das relações interpessoais: Vivências para o trabalho em grupo. Petrópolis: Vozes.
  • Eceiza, M., Arrieta, M., y Goñi, A. (2008). Habilidades sociales y contextos de la conducta social. Revista de psicodidáctica.
  • Fernández Ballesteros, R. (1994). Evaluación conductual hoy. Un enfoque año XII – número I (23) / 2011 para el cambio en psicología clínica y de la salud. Madrid: Pirámide.
  • Freitas, L. C. de y Del Prette, Z. A. P. (2013). Habilidades sociais de crianças com diferentes necessidades educacionais especiais: Avaliação e implicações para intervenção. Avances en Psicología Latinoamericana, 31(2), 364-382. 
  • Freitas, L. C., y Del Prette, Z. A. P. (2010). Comparando autoavaliação e avaliação de professores sobre as habilidades sociais de crianças com deficiência mental. Interpersona, 4(2), 183-193. doi: 10.5964/ ljpr.v412.48.
  • Gardner, H.  (1993). Multiple Intelligences: The Theory in Practice. Nueva York: Basic Books.
  • Gil, S. (2020). Habilidades sociales (Vol. 4). Editorial Flamboyant.
  • Gismero González, E.  (2002). Manual de Escala de Habilidades Sociales. Madrid: TEA Ediciones.
  • Grasso-Imig, P. (2021). Habilidades Sociales: breve contextualización histórica y aproximación conceptual. Revista ConCiencia EPG6(2), 82-98.
  • León Rubio, J. M., Medina Anzano, S., Cantero Sánchez, F. J., y Gil Rodríguez, F. (1998). Entrenamiento en habilidades sociales para los profesionales de la salud. Psicología de la salud: Asesoramiento al personal sanitario.
  • Luckasson, R., y Reeve, A. (2001). Naming, defining and classifying in mental retardation. Mental retardation, 39, 47-52. doi: 10.1352/0047-6765(2001)039.
  • Monjas, M. I. (2000) Programa de Enseñanza de Habilidades de Interacción Social (PEHIS) para niños y niñas en edad escolar Madrid: Ciencias de la Educación Preescolar y Especial CEPE
  • Ramos, M. G. (2011). Habilidades sociales en niños y niñas con discapacidad intelectual. Eduinnova.
  • Trianes, V.  y García, A.  (2002).  Educación Socioafectiva    y    Prevención    de Conflictos   Interpersonales   en   los Centros Escolares. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 44, 175-189. 
  • Veltrone, A. A., y Mendes, E. G. (2012). Impacto da mudança de nomenclatura de deficiência mental para deficiência intelectual. Educação em Perspectiva, 3(2), 448-450. doi: 10.22294/eduper/ppge/ufv. v3i2